Los Rehenes se reencuentran con su familia en Israel
El portón metálico de la base de Reim se abrió lentamente y, del otro lado, los abrazos estallaron como una ola contenida durante años.
Veinte rehenes, marcados por más de dos años de cautiverio, dieron los primeros pasos hacia sus familias con una mezcla de incredulidad y alivio.
Algunos corrieron, otros apenas pudieron sostenerse, pero todos se aferraron a los suyos como si el tiempo quisiera escapar otra vez.
Las lágrimas no distinguieron edades: madres, hermanos, hijos y parejas se fundieron en silencios que dijeron más que cualquier palabra.
El personal médico observaba atento, dejando que el reencuentro precediera al protocolo.
En el aire se mezclaban los sollozos, los nombres susurrados y las respiraciones entrecortadas de quienes habían esperado sin garantías.
Las mantas térmicas cubrían los hombros de los liberados, pero el verdadero abrigo estaba en los brazos que los recibían.
Algunos levantaron la vista al cielo, otros cerraron los ojos como si quisieran detener ese instante para siempre.
La base militar, habitualmente fría y operativa, se transformó por unas horas en hogar improvisado.
Con este reencuentro, Israel marca el inicio de un nuevo capítulo, entre el alivio presente y las ausencias que aún duelen.