Masacre en Rio de Janeiro
Río de Janeiro despertó al estruendo de helicópteros y ráfagas que retumbaron en los cerros.
Las favelas de Alemão y Penha se convirtieron en un laberinto de barricadas y blindados avanzando entre humo y miedo.
Dos mundos chocaron al amanecer: 2.500 policías contra la sombra poderosa del Comando Vermelho.
En las calles quedaron huellas de guerra —granadas, casquillos, puertas derribadas.
El objetivo: “Doca”, un capo con decenas de homicidios en su historial y un ejército bajo su mando.
El saldo estremeció al país: 64 muertos y más de 80 detenidos en pocas horas.
Drones vigilaron desde el cielo mientras familias se escondían de una violencia que no eligieron.
Escuelas cerradas, buses desviados, servicios suspendidos: la vida en pausa por el terror.
El gobierno habla de victoria; defensores de derechos humanos, de excesos y ejecuciones.
Río sigue en tensión: la operación continúa y el costo humano aún no termina de contarse.
Video: Cortesia
