Kingston pide ayuda
El viento ruge en Kingston como si el mar hubiera decidido caminar por sus calles.
Huracán Melisa avanza por el Caribe dejando tras de sí techos arrancados y avenidas inundadas.
Las imágenes son un golpe al corazón: casas de madera vencidas, árboles como sombras rotas.
Los pescadores miran el horizonte perdido, esperando que sus barcos sigan ahí.
La noche se ilumina con destellos de tormenta, como un recordatorio de su furia.
La lluvia no cae: azota. Es un muro líquido que lo cubre todo.
Las autoridades piden calma, pero el miedo sopla más fuerte que el viento.
Familias enteras buscan refugio, cargando solo lo imprescindible y la esperanza.
Melisa aún no se detiene; su ruta es una incógnita que preocupa a la región.
Hoy, más que nunca: solidaridad con Jamaica y con quienes enfrentan la tormenta.
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