La otra tragedia del terremoto de Afganistán
El temblor dejó un paisaje de dolor y desolación.
Entre polvo y gritos, vecinos y rescatistas remueven piedras con las manos.
Algunos cuerpos reposan bajo mantas, esperando un traslado que nunca llega.
Heridos son llevados en sus propias camas, porque no hay camillas.
Pero la tragedia no se mide solo en ruinas.
La prohibición del contacto entre hombres y mujeres ajenos a la familia ha impuesto un silencio aún más cruel.
Testigos aseguran que mujeres heridas quedaron bajo los escombros, sin auxilio.
Otras, invisibles, fueron abandonadas en la espera de ayuda que no llegó.
En las imágenes del desastre, ellas apenas aparecen:
ni como víctimas, ni como rescatistas, ni como enfermeras.