Un niño ucraniano convierte su música en acto de resistencia
Entre los escombros del centro comercial Kvadrat, destruido por ataques rusos en el distrito de Lukianivka, en Kiev, un niño llamado Lyubomyr toca el acordeón con calma y determinación.
Su melodía, una canción tradicional titulada «¿Cómo no amarte, mi Kiev?», resuena entre las ruinas como un gesto de amor a su ciudad.
Lejos de rendirse ante el horror de la guerra, el pequeño convirtió su instrumento en una herramienta de apoyo a su país.
A sus pies, una caja recibe donaciones de los transeúntes, acompañada de un código QR para quienes deseen contribuir desde cualquier parte del mundo.
Todo lo recaudado va destinado a las Fuerzas Armadas de Ucrania. Su imagen, un niño solo frente a un edificio destruido tocando música, se viralizó rápidamente y conmovió a miles de personas.
La historia de Lyubomyr se transformó en símbolo de la resistencia ucraniana. En medio del conflicto, los más pequeños siguen encontrando formas de aportar desde donde están.
Su serenidad contrasta con la devastación que lo rodea. La música, en tiempos de guerra, también es una forma de luchar.
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